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30 de marzo de 2009

El retrato de Dorian Gray (Planeta-Booket)

La edición de Grandes esperanzas que estoy leyendo es buenísima, pero tiene un inconveniente: pesa tanto y te da tanta pena dañarla, que no la puedes llevar a ningún sitio. Así que me busqué un libro más manejable para llevar en el bolsillo... y me lo he terminado antes. Conclusión 1: paso más tiempo en el bus, haciendo cola, esperando en Correos, etc. que sentado ricamente en mi sillón. Conclusión 2: El retrato de Dorian Gray me ha enganchado bastante y lo he devorado.

No me apetece mucho, y no tendría sentido a estas alturas, ponerme a decir lo bueno que es Oscar Wilde, que si es un maestro, etc. Supongo que ya lo ha dicho mucha gente. Y supongo que a muchos les parecerá que no. Yo puedo aportar a la discusión que El retrato de Dorian Gray me ha parecido una obra cumbre. Y me ha gustado sobre todo porque ataca un tema que me ronda la cabeza desde hace años y que por falta de tiempo y capacidad no he afrontado en serio: la relación entre bien y belleza. La imagen del cuadro que se va afeando a medida que Dorian se corrompe moralmente creo que va más allá de una mera expresión de la idea del vicio (el mal moral mantenido transforma el alma de la persona): me parece un modo magistral de hacer visible algo de lo que estoy profundamente convencido: no se puede calificar de bello algo moralmente malo. Dicho de otro modo: no hay arte en lo moralmente malo. Puede haber técnica, buena técnica, pero no arte.

No ocultaré que a ratos me ha costado avanzar y que algunos diálogos son farragosos (lord Henry, diabólico, es a veces un poco pelma explicando su hedonista y frívola visión de la vida), pero vale enormemente la pena leer este libro. Una cosas más. Hace unos meses xGaztelu, de seleccionARTE, preguntaba por buenos finales de libros: este creo que está bastante logrado.

(Vaya por delante que si, por casualidad, a alguno de los transeúntes de este blog le apetece dialogar sobre la cuestión del bien y la belleza, no pienso entrar. No es bordería, sino pura vanidad: como he dicho es simplemente una idea que anida en mi cabeza sobre la que no estoy en condiciones de discutir. En cualquier caso, me encantará leer vuestras opiniones).