Autor: Michael Connelly
Edición: Ediciones B, Barcelona 2007
«Después de tres años de retiro, Harry Bosch regresa a la policía de Los Ángeles para integrar la unidad de Casos Abiertos. Junto a su antigua compañera, Kiz Rider, Harry deberá resolver el asesinato de Rebecca Verloren, una joven mestiza. El crimen fue cometido diecisiete años atrás y los detectives Green y García, asignados entonces al caso, no consiguieron dar con el culpable. Gracias a la nueva tecnología se identifica el ADN hallado en el revólver utilizado para el crimen y se establece una coincidencia que les da la primera pista: corresponde a un hombre llamado Ronald Mackey. Pero el resultado sólo indica que Mackey tenía el arma, ¿cómo demostrar que cometió el crimen? El hecho de que Mackey formara parte de un grupo de supremacistas blancos hace sospechar a Bosch y Rider que puede tratarse de un crimen con implicaciones racistas. Pero ¿por qué los detectives encargados del caso entonces no siguieron esta pista? Quizás había algo que los altos mandos de la policía no querían explorar... Que Irving, el eterno enemigo de Bosch, estuviera involucrado, no resulta sorprendente» (de la contraportada).
Bosch no ha aguantado mucho como detective privado: como dice en un momento dado en Cauces de maldad, lo que un policía puede conseguir con sólo enseñar la placa, para un detective es mucho más complicado; y eso no le termina de convencer. La incorporación a la unidad de Casos Abiertos de la policía de Los Ángeles supone un nuevo modo de trabajar, más reflexivo y menos impulsivo y trepidante (aunque no falta la acción, claro está). El nuevo destino promete y Harry y Kiz Rider hacen una buena pareja.









