Título: El camino
Autor: Miguel Delibes
Año: 1950
Edición: Destino, Barcelona 1986
Parece increíble que a estas alturas de mi vida todavía no hubiera leído El camino, pero así es; paradójico, que uno ande más o menos "al loro" de las cosas que van saliendo y tenga este tipo de vacíos en su curriculum. El libro es buenísimo, sin duda alguna. Miguel Delibes escribe como los ángeles, la historia que narra es entrañable, te hace reir, te hace pensar, te pone serio, y los personajes son de esos que cuesta dejar (¿o "dejarlos"? Admito sugerencias razonadas). Altamente recomendable, también para gente joven. Hacía tiempo que no ponía una A y ya tenía ganas de disfrutar.
Una pequeña anécdota de la lectura. Hace tiempo leí que en toda historia debe morir uno de los personajes principales (la frase no era tan animal, pero la idea era esa). No recuerdo la justificación. El caso es que desde entonces siempre me fijo si eso ocurre o no, y de momento se cumple más o menos siempre. Leyendo El camino me di cuenta de que se iba acabando el libro y ninguno de los personajes principales tenía pinta de dejarnos; e iban pasando las páginas y nada; y nada... Hasta empecé a pensar "a ver cómo hace Delibes para meter un muerto, porque ya no cabe". Pero sí, cabe, en el momento justo, y además es el elemento que falta en la maduración de Daniel, el Mochuelo. Bueno, el que falta llega en el último párrafo, en la última frase. Genial.
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2 de septiembre de 2010
6 de enero de 2010
La sombra del ciprés es alargada (Destino)
Durante un paseo por las afueras de Ávila, Pedro recibe una extraña enseñanza de don Mateo, su maestro: «—Tal vez el secreto (de la felicidad) —añadió don Mateo— esté en quedarse en poco: lograrlo todo no da la felicidad, porque al tener acompaña siempre el temor de perderlo, que proporciona un desasosiego semejante al de no poseer nada. Debemos vigilar nuestras conquistas terrenas tanto como a nosotros mismos. Son, casi siempre, la causa de la infelicidad de los hombres». La temprana experiencia de la muerte de un ser querido, hace que se grabe profundamente en el corazón de Pedro esa idea expresada por su maestro: «al tener acompaña siempre el temor de perderlo», hasta el punto de organizar su vida según un principio terrible: evitar dar continuidad a sus relaciones personales y evitar profundizar en la amistad con cualquier persona que por alguna razón esté en constante conexión con él; que su corazón no albergue a nadie, para evitar el dolor que le producirá su pérdida. Se convierte así en un ser huraño, autónomo y oscuro, en el que el mundo rebota: «ni yo pasaba de su costra ni él rebasaba la superficie de mi piel». Pero la barrera que Pedro ha construido es derribada, no sin dificultad, por una ley que es más verdad que el mundo: «no es bueno que el hombre esté solo».
La sombra de ciprés es alargada es la primera novela de Miguel Delibes, con la que ganó el Premio Nadal en 1947. Asusta pensar que con 26 ó 27 años alguien pueda escribir algo tan poderoso, tan contundente, tan bueno, y lo escriba tan bien (yo, a mis casi 40 sudo para componer dos párrafos bien hilados para este blog), aunque a ratos me ha parecido que se estancaba un poco. La novela es dura, nada complaciente, da miedo ver al protagonista pasarlo tan mal. Pero, pienso, el fondo es esperanzado; no te deja de bajón, nuevamente pienso, por el trasfondo religioso de la vida que nos muestra al contarnos la vida de Pedro. Se podría decir de Delibes que es existencialmente pesimista, pero ontológicamente optimista. De hecho, el final de la novela está bañado de una serena alegría. Y el final me ha encantado y me ha hecho soltar el aire que se me había estancado en los pulmones ocho páginas mas atrás: «Me sonreía el contorno de Ávila allá, a lo lejos. Del otro lado de la muralla permanecían Martina, doña Gregoria y el señor Lesmes. Y por encima aún me quedaba Dios».
Una novela altamente recomendable y un buen empujón para seguir conociendo a Delibes.
La sombra de ciprés es alargada es la primera novela de Miguel Delibes, con la que ganó el Premio Nadal en 1947. Asusta pensar que con 26 ó 27 años alguien pueda escribir algo tan poderoso, tan contundente, tan bueno, y lo escriba tan bien (yo, a mis casi 40 sudo para componer dos párrafos bien hilados para este blog), aunque a ratos me ha parecido que se estancaba un poco. La novela es dura, nada complaciente, da miedo ver al protagonista pasarlo tan mal. Pero, pienso, el fondo es esperanzado; no te deja de bajón, nuevamente pienso, por el trasfondo religioso de la vida que nos muestra al contarnos la vida de Pedro. Se podría decir de Delibes que es existencialmente pesimista, pero ontológicamente optimista. De hecho, el final de la novela está bañado de una serena alegría. Y el final me ha encantado y me ha hecho soltar el aire que se me había estancado en los pulmones ocho páginas mas atrás: «Me sonreía el contorno de Ávila allá, a lo lejos. Del otro lado de la muralla permanecían Martina, doña Gregoria y el señor Lesmes. Y por encima aún me quedaba Dios».
Una novela altamente recomendable y un buen empujón para seguir conociendo a Delibes.
27 de noviembre de 2009
Señora de rojo sobre fondo gris (Destino)
En los últimos diez años me han podido recomendar este libro un millón de veces, pero siempre me había dado pereza. Delibes me da pereza -sé que esto que acabo de escribir es una animalada, pero es así-. los monólogos me dan pereza, y me dan pereza los libros que todo el mundo me recomienda. Hasta que José Ramón Ayllón y su Tal vez soñar consiguió que lo sacara de la estantería y lo abriera: ¨Hummm: ciento cincuenta páginas, letra grande... Podría ser¨. Después de unas pocas horas de lectura voraz pero pausada la conclusión es: menuda gozada de libro. Temas bellísimos -amor, familia, enfermedad, arte- desarrollados por una pluma que para mi la quisiera. Te lo aconsejo vivamente.
Una sola pega: Ana es imposible. Aunque da igual: lo platónico también me va.
Una sola pega: Ana es imposible. Aunque da igual: lo platónico también me va.
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