6 de mayo de 2026

La noche del oráculo (Anagrama)

Título: La noche del oráculo (Oracle Night)
Autor: Paul Auster
Edición: Anagrama, Barcelona 2004

«Sidney Orr es escritor, y está recuperándose de una enfermedad a la que nadie esperaba que sobreviviera. Y cada mañana, cuando su esposa Grace se marcha a trabajar, él, todavía débil y desconcertado, camina por la ciudad. Un día compra en El Palacio de Papel, la librería del misterioso señor Chang, un cuaderno de color azul que le seduce, y descubre que puede volver a escribir. Su amigo John Trause, también escritor, también enfermo, también poseedor de otro de los exóticos cuadernos azules portugueses, le ha hablado de Flitcraft, un personaje que aparece fugazmente en El halcón maltés y que, como Sidney, sobrevivió a un íntimo roce con la muerte, creyó comprender que no somos más que briznas que flotan en el vacío del azar, y abandonó, sin despedirse, mujer, trabajo, identidad y se inventó otra vida en otra ciudad. En la novela que Sidney Orr está escribiendo en su cuaderno azul, Flitcraft se ha convertido en Nick Bowen, un joven editor que, tras salvarse por un pelo de la muerte cuando una gárgola de piedra se desprende de un viejo edificio y cae donde él había estado un segundo antes, también parte sin despedidas rumbo a Kansas, llevándose el manuscrito de una novela inédita y perdida durante mucho tiempo de una escritora famosa de los años veinte, y cuyo título es La noche del oráculo. Y el paralelo a la novela de Nick, Orr va contando la novela de su propia vida, de su encuentro y su matrimonio con Grace, una mujer cuyo pasado desconoce...» (de la contraportada).

No he leído mucho de Paul Auster, no sabría decir por qué: sin más, no me atrae. He estado a punto de dejar la novela un par de veces porque no enganchaba: quizá la redacción en primera persona, que me gusta menos, quizá las notas a pie de página, que ya me dirás tú qué necesidad -pensaba para mis adentros-, quizá la historia dentro de la historia dentro de la historia,... Al final, ha valido la pena, pero he tenido que empeñarme. En cualquier caso, aunque no sé si son comparables, para este tipo de lecturas un poco densas prefiero a Richard Ford.

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